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Un Curso de Milagros

Cuentas de oración

Una práctica para anclarse en el instante santo

María Ibars

Índice

  1. Antes de empezar3
  2. El recorrido4
  3. Consejos para la práctica6
  4. Paso a paso10
  5. La Ternura larga22
  6. El sentido del recorrido26

Antes de empezar

Estas cuentas nacen de la tradición del mala y del rosario, reinterpretadas desde Un Curso de Milagros.

No sustituyen las 365 lecciones del Libro de ejercicios, que son el camino. Pero cuando ya has hecho alguna vuelta de las lecciones, pueden abrir una práctica nueva. Y al tenerlas en la mano, te anclan a la oración.

Hay una versión para el día y otra para la noche. Solo cambian el principio y el final; el corazón del recorrido es el mismo.

La aprendes siguiéndola con el móvil.

I

El recorrido

El recorrido

El puente Las tres gracias El ancla Descanso Las siete
  1. El ancla de apertura: llegar al instante.
  2. Las tres gracias, subiendo.
  3. El puente: unión con Jesús.
  4. Las siete y los descansos: cinco grupos de siete, con un descanso entre cada grupo.
  5. El puente, bajando: escucha y entrega.
  6. Las tres gracias, bajando.
  7. El ancla de cierre: ponerse en manos de Dios.

II

Consejos para la práctica

Consejos para la práctica

Hasta que sea una canción interna

Lo más bonito de esta práctica llega cuando la has memorizado. Las oraciones están pensadas para que puedan llegar a memorizarse: buscan un ritmo, una cadencia, a veces una rima, y una extensión que lo haga posible. Es como una coreografía: al principio la aprendes paso a paso, y cuando se integra, se olvida y pasa a un lugar más profundo. Como el actor que memoriza sus líneas y, cuando sale a escena, ya solo vive el presente. Así pasa también con el mala o con el rosario.

Por eso la herramienta para el móvil está pensada para acompañarte mientras aprendes. La idea es que poco a poco la vayas soltando.

Y aun así, no se trata de decirla de corrido, como un loro. Permítete entrar en cada palabra cuando la dices, hasta que quede como una canción interna.

Rezar con una intención

Si te es útil, puedes ofrecer el tiempo de oración a una circunstancia o a una relación. Lo haces en el ancla de apertura, con algo así:

«Entrego este tiempo de oración a esta circunstancia, para que reciba toda la ayuda y la armonía de lo alto.»

El tiempo de los descansos

No hay un tiempo marcado: descansa ahí el tiempo que sientas y luego sigue. El Curso nos dice que en la oración importa más la calidad que la cantidad. Explora ese silencio. Si aparece inquietud, puedes repetir la frase y quedarte un poco más; a veces descubrirás que había más espacio del que creías. Si no, sigue. Hay un termómetro interno para eso. Las lecciones nos van llevando a espacios de tiempo cada vez más largos, pero aquí lo dejamos a tu sentir: el tiempo que estés a gusto, explorando.

La meditación larga

El espacio largo llega al volver al puente, después de los cinco grupos de siete. «Heme aquí, Padre. Soy uno contigo»: ahí te quedas sintiendo la unión el tiempo que sientas. En la herramienta del móvil puedes elegir entre 5, 10 o 15 minutos y activar el temporizador, con un aviso de sonido para no tener que mirar el reloj.

La escucha

Después viene la escucha: «Ahora me abro a recibir Guía». Es un momento para recibir la Guía de verdad, y llega. Pero si en ese rato no llega nada, no pasa nada: no te frustres ni te tenses. A veces la respuesta aparece más tarde, en una conversación, en una idea que llega de golpe o en cómo se ordena el día. Basta con haberte abierto.

Cuánto dura

Rezando despacio y con descansos cortos, aproximadamente:

~25 min
con 5 minutos
de meditación
~40 min
con 15 minutos
de meditación

III

Paso a paso

Con la herramienta del móvil es muy sencillo: solo tienes que pulsar «Sigue» y en cada momento verás qué toca decir. Aquí te lo dejamos todo escrito para que puedas verlo entero y volver a ello cuando quieras.

Paso a paso

En cada parada hay una oración.

En la herramienta del móvil te irán apareciendo una a una para que puedas decirlas fácilmente: solo tienes que pulsar «Sigue».

1

El ancla de apertura

La cuenta grande de abajo. Al empezar.

Estás aquí

Aquí llegas al instante presente y entregas lo que pesa, para que se disuelva. Tiene una versión de día y otra de noche: por la noche, además, miras el día con el Espíritu Santo.

2

Las tres gracias

Subiendo, una frase en cada cuenta.

Estás aquí

Tres frases, una en cada cuenta, para recordar que la Voluntad de Dios es tu felicidad.

3

El puente

La pieza alargada. Unión con Jesús.

Estás aquí

Aquí te unes a Jesús, el Cristo, y le pides que camine contigo.

4

Las siete

La Ternura corta, entera en cada una de las siete cuentas. Cinco grupos a lo largo del círculo.

Estás aquí

Cinco grupos de siete cuentas con la oración a la Ternura de Dios: la corta para los días normales y la larga cuando necesites consuelo.

5

Los descansos en oración

Las cuatro cuentas grandes entre los grupos de siete.

Estás aquí

Entre grupo y grupo, un silencio en oración, sin palabras, el tiempo que sientas.

6

El puente, bajando

Al terminar el círculo, de vuelta a la pieza alargada.

Estás aquí

Aquí está la meditación larga: tras la unión, el silencio para escuchar y recibir la Guía. De día, además, la unión con la mente del Espíritu Santo, imaginar el día que te gustaría tener (capítulo 30 de UCDM) y el Padre Nuestro en clave del Curso.

7

Las tres gracias, bajando

Ligero, una en cada cuenta.

Estás aquí

Tres gracias, ligeras, una en cada cuenta.

8

El ancla de cierre

De vuelta a la cuenta grande. Para terminar.

Estás aquí

De día, te pones a disposición de los milagros. De noche, entregas tu sueño nocturno al Espíritu Santo.

IV

La Ternura larga

La Ternura larga

La Ternura corta está pensada para ser fácil de memorizar. La Ternura larga, la Salve a la Ternura de Dios, nació con un propósito: ser un recurso de consuelo para los días en que lo necesitas. Ese es su sentido principal. Aun así, puede ser que a alguien le guste rezarla por su tono más poético y declamado. Y está bien que sea así.

Se reza entera en la primera cuenta de cada grupo de siete. En las otras seis cuentas, solo su final, ya descansando: primero pides que te acoja, y después repites que estás a salvo. Cada «Amén», una cuenta.

V

El sentido del recorrido

El sentido del recorrido

Si quieres saber de dónde nace cada parada y qué práctica del Curso hay detrás.

Dentro de la enseñanza de Un Curso de Milagros, y habiendo recorrido el libro, su filosofía y sus lecciones, esta herramienta reúne varias de sus prácticas y las hace colaborar juntas, de una manera muy completa.

El ancla de apertura

Nos sitúa en el instante presente, en el ahora. Y al pedir la intervención del Espíritu Santo para que corrija y disuelva los errores, practicamos el perdón de las ilusiones y aceptamos la Expiación. Nos conectamos con un poder superior para que suceda un milagro en nuestra mente y la luz de la Expiación se mueva.

Por qué entregamos al empezar

Cuando al principio entregamos cualquier error y pedimos que la bendición llegue a todos los involucrados, lo hacemos para poder soltar y liberarnos de lo que nos duele, y también para quedarnos con la conciencia en calma. Hemos normalizado ir por la vida con un peso dentro, con un cargo de conciencia, con la sensación de haber hecho algo mal. Eso es la culpa, y el Curso nos dice que no tenemos por qué cargar con ella. Nos invita a dársela al Espíritu Santo para que la disuelva y cancele sus efectos.

Y no solo dentro de nosotros. No somos los únicos que experimentamos los efectos de nuestros pensamientos, así que la bendición llega también a todas las personas implicadas, sean esos efectos todavía visibles o no. Es como una purificación.

Así podemos soltar y descansar. Aceptar la Expiación para uno mismo libera la mente y la deja en una disposición abierta y receptiva para habitar el presente, y de ahí nace la plenitud de este instante. Para ser felices no podemos sostener ese peso, y esta práctica no nos lo permite. Basta con ponerle la fe de un grano de mostaza: de verdad, se lo entrego, para que lo disuelva y cuide a las personas implicadas.

Soltar el peso no significa que no haya una guía para hacer las cosas de otra manera en algunas ocasiones. Si hay algo que cambiar, lo iremos haciendo. Por eso, por la noche, nos preguntamos: «¿Qué siento que podría haber hecho mejor hoy?». Pero no para juzgarnos, sino para convertirnos, progresivamente y guiados, en quienes realmente somos. Como dice el Curso: «Por sus frutos los conoceréis, y ellos se conocerán a sí mismos».

El puente

Vamos restableciendo la conexión con Jesús, el Cristo, que es el maestro de este camino. Él mismo nos dice que no hace falta creer en él, pero que nuestro camino sería mucho más fácil si lo incluyéramos. Además, pone en el centro de qué va todo esto: una transfiguración en el Cristo interior. En los textos originales, cuando Helen rezaba por alguien, Jesús le pedía que uniera su mente a la de él. Es lo que hacemos aquí.

Las siete

La Ternura de Dios va restableciendo la unión con Dios, eso que creemos que se ha roto. Llamarla «Padre y Madre» es una decisión consciente. No es habitual en Un Curso de Milagros, pero así no rezamos en masculino, sino en neutro: Dios es lo femenino y lo masculino unidos, y eso es también lo que somos. Muchas de quienes recorremos este camino somos mujeres, y esta forma nos permite sentirnos incluidas y acercarnos a esa esencia. Y su abrazo, que sostiene y sana, es una manera de no disociarnos del corazón ni de la experiencia, y de ir fortaleciendo el vínculo amoroso. La corta es breve a propósito, para que se pueda memorizar de verdad; en la larga, «Padre y Madre de todo lo que late y vive» se despliega entero.

La Ternura larga, con «En Ti puedo llorar cualquier perturbación», abre un espacio para la parte vulnerable, para que no se nos escape. El Curso habla del Espíritu Santo como el Consolador, y nos invita a poner esa parte en sus manos. Así la transformación es auténtica, y la enseñanza nos lleva a vidas más plenas. No queremos ser intelectuales de una enseñanza fascinante. Queremos ser felices.

Y al repetir las mismas palabras, como hacemos con la idea de cada lección, se va produciendo una limpieza de pensamientos. La repetición, propia del rosario y del mala, va domesticando el ruido y la locura de los pensamientos.

Los descansos en oración

Cumplen la función de lo que es la oración en Un Curso de Milagros: un espacio de unión con Dios. Es hacia donde nos lleva el Libro de ejercicios en sus últimas lecciones, donde ya no hay palabras, solo un encuentro con Dios.

El puente, bajando

Primero nos quedamos en la unión, que es lo que es la oración, y después abrimos un espacio para recibir la Guía, que es otro de los pilares del camino. De día, entramos en comunión con el Espíritu Santo: unimos nuestra mente dividida a la suya. Y después practicamos lo que el Curso nos propone en el capítulo 30 del Texto: imaginar el día que nos gustaría tener y no tomar decisiones por nuestra cuenta.

Por la mañana rezamos el Padre Nuestro. Rezarlo así es una manera de reconciliar memorias. Muchos de nosotros venimos de un fondo cristiano o católico, donde pudo haber mucha entrega pero también heridas por sanar. El Curso resignifica sus palabras con toda su filosofía y su metafísica, y eso funciona como una reconciliación. En el Padre Nuestro está también «Sana mi mente, Padre»: en los textos originales, Jesús le dice a Helen que esa es la oración que debería hacerse. Y «ver a través de las apariencias» nos abre a la visión de Cristo, a la percepción iluminada. La metafísica también tiene aquí su lugar.

El ancla de cierre

De día, acabamos consagrando el día a los milagros. No es una frase bonita para cerrar: en los textos originales, Jesús le indica a Helen que cada día debe consagrarse a los milagros. Lo ponemos aquí para que esté disponible y se active en nosotros. Nos estamos entrenando para ser obradores de milagros, y qué mejor que terminar diciendo: me pongo a disposición.

La revisión del día

Por la noche, las dos preguntas hacen que esta enseñanza nos transforme de verdad en la vida. Invocan al adulto espiritual, esa parte de nosotros que dialoga con el Espíritu Santo, con Jesús y con su propio ser.

La Salve a la Ternura de Dios

Con su poética y su extensión, rescata más toda la parte vulnerable que en un momento dado puede necesitarse. «En Ti puedo llorar» está ahí a propósito: para que nos permitamos explorar nuestras emociones con tranquilidad. Estamos a salvo. No hay nada que temer.

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